lunes, 3 de marzo de 2014

PLAN DE VUELO (007) - (Coast Line)

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Imagino que Javier estará respirando como nunca lo haya hecho. El problema no está resuelto todavía, quizás la integridad física sea más fácil conservarla, mucho más si tenemos en cuenta que somos dos aviones y si él se ve obligado a tomar tierra, puedo yo hacerlo también, recogerlo y llevarlo en la cabina de mi avión, que aunque sea monoplaza, tiene suficiente espacio para dar cabida a estos dos ambulantes volantes.

El calor es bochornoso, no vale abrir tomas de aire para aminorar sus efectos, el chaleco salvavidas me está molestando, pero aquí en este reducido habitáculo, es del todo imposible moverse lo necesario para quitárselo, el dichoso silbato, se me quedó en la parte de la espalda y hace dos horas que lo siento penetrar en la piel de mi omóplato y no consigo alcanzarlo, es imposible deshacer el nudo de la cuerda, como dirían los marinos, cuerda en un buque solo está la del reloj, pero aquí la que me aprieta la cintura es a la que va sujeta la balsa salvavidas y como continúe así me ahogará, mis piernas están retorcidas para dar cabida a mi equipaje y a la cartera donde se encuentran mis utensilios de viaje, cartas, reglas, etc. Pues bien, curiosamente, no he notado nada de todas estas cosas que ahora me están molestando, será que algo me dolía más, tal vez puliendo mis prioridades y seleccionándolas, me acabo de dar cuenta de que ahora mis problemas no son vitales. De todas formas, veremos si llegamos a Agadir, no sé cómo está el avión de mi amigo, cualquier momento es bueno para que nos dé otro susto, esperemos que no sea en los acantilados de Ifni.

*

El desierto transcurre por debajo de nosotros con monotonía, que no con uniformidad, no comprendo por qué razón, todo el que no conoce el desierto, se lo imagina como una gran llanura amarilla de inmaculada arena fina, resulta que lo que sobrevuelas son enormes masas rocosas, con profundas cuencas y desfiladeros, la imaginación nos coloca ante las transparentes aguas de un río discurriendo por su interior, enormes castillos de rocas, vigías que han contemplado el paso de los siglos, del ir y venir de los nómadas habitantes de estas tierras, continuamente erosionando y cambiante su faz, como si desearan renovarse, para que los que las han visto, no puedan sustraerse al deseo de volver a contemplarlas con la excusa de ya conocerlas, las dunas cambiarán constantemente su forma y emplazamiento, al capricho del señor del desierto, el viento, que cuando se mueve dibuja olas de arena y cuando se va, nos quedan océanos con ondas inmóviles.

*

Transcurrida una hora y veinte minutos desde Cabo Juby, llegamos a la zona de Tan-Tan, sin más problemas que las continuas oleadas de agua que vuelven a descargar sobre nosotros, oscuros y espesos cumulonimbus cubren el cielo que tenemos encima.

Aunque no hemos avistado la aldea, se hace latente su presencia, el morro de mi avión se desliza por encima del camino que conduce a la aldea, sus edificios, por ser hechos con materiales de la zona y sin pintar, pasan desapercibidos a no ser por pequeños matices de tonalidad en el conjunto del suelo, a pesar de ello, es muy difícil verlo, si no se conoce exactamente su emplazamiento, un hilo extendido en el desierto, que resalta su negra y fina silueta entre el rojizo entorno de la arena que lo cobija, dice que tenemos a la vista, la inconfundible y recta carretera de unos veinte kilómetros y que termina en el mar, está orientada Este-Oeste, ideal para tomar tierra en un apuro...

*

Pero...-¿Qué sucedió exactamente?.

-La verdad es que no lo sé, me contaron que los tres aviones de aquella formación se habían perdido... uno dijo... la visibilidad es prácticamente nula... es necesario preguntar dónde estamos... Así dicen que sucedió, después de preguntar, averiguarlo y respirar hondo, de nuevo al aire, uno se va por arriba, otro raspando no sé qué rocas de la orilla, el otro... quién sabe.

-¿Pero llegaron?.

-Por lo que se vio después, sí, en el Aaiun se encontraron, fueron llegando uno tras otro, con diferencia de hasta una hora entre el primero y el último, en un trayecto que en línea recta podía tener una duración de una hora y media como máximo, claro que, con el día que dicen que hacía, no es nada extraño.

-Pero alguien, ¿me podría explicar, qué sucedió exactamente?.

-Dicen algunos, que el comandante de la formación se perdió.

-¿Quién era?.

-Manolo.

-¿Quién es este Manolo?.

-No es de nuestra empresa.... ¿entonces?.

-Eso pregunto yo, ¿entonces... qué hacía ahí?.

-Nadie quiso llevar los aviones en vuelo y él se brindó para hacerlo, decía que conocía esta ruta.

Según parece, la empresa había pedido a los pilotos de la plantilla, hacer los traslados en vuelo, el motivo no era otro que, evitar tener que desmontar los aviones, cargarlos y transportarlos en barco y tener que volver a montarlos en su destino, personal extra para un lado y otro y muy importante, el coste económico. Parece ser, que todos se negaron, por lo menos a los que se preguntó, ante la pregunta, toda suerte de problemas se presentaban y sucedían excusas como..., es un viaje muy largo..., no tenemos autonomía..., no hablo inglés..., es muy peligroso..., mucha agua..., mucho desierto..., un solo motor..., son islas..., instrumentos de navegación..., ayudas... y tal vez muchas otras causas entre ellas, sobre todo, falta de profesionalidad y poco amor a la aviación... entre otras cosas.

-A mí no me preguntaron.

-Pero le hemos preguntado a todos.

-A mí no.

-Así es como me vi metido en este berenjenal, porque, la verdad, es que a mí no me había preguntado nadie. Los todos a los que se preguntó, eran los tocados por la varita, los elegidos de los dioses.

-Comprende que la empresa no podía recurrir a los que había ignorado siempre, aunque el término empresa resulta un tanto abstracto, quienes forman este nombre es un conjunto de seres que deciden, parten y reparten a su antojo, según dictados de normas e intereses más o menos válidos, que incluso pueden esconder oscuros propósitos, favoritismos, simpatías y por qué no incompetencias.

Los divinos habían visto caérseles los pantalones, porque por una vez, hacía falta y se exigía algo más que palabrería, fanfarronadas y complicidades, sus poderes se encontraban por debajo de lo que se necesitaba, sobre todo, amor propio y profesionalidad.

-Es mucha la vergüenza que se debe sentir, cuando se demuestra con hechos no hechos, que lo único que vale de nosotros, es lo que podemos defender con nuestra lengua y no podemos refrendar con obras. Es triste la apariencia de valía ante la certeza de ineptitud.

el aviador

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